DIME LO QUE ESPERAS, Y…

adviento1

Estrenamos un nuevo año en la vida de la Iglesia y un nuevo ciclo de lectura de la Palabra de Dios centrada en el evangelio de San Marcos –Ciclo B-.

En muchos lugares ya se han encendido el alumbrado especial de navidad. También la fiebre del consumo, contagiada con campañas de marketing cada vez más agresivas… ¿Cómo viviremos nosotros este tiempo de espera?

El refrán aquel de “dime con quién andas y te diré quién eres”, nos puede servir de marco, retocándolo un poquito: “Dime lo que esperas y te diré quién eres”. Sí, adviento nos sitúa en tensión del amor que espera. ¿Qué espero yo? ¿A quién, de verdad, espero…?

Cada uno de nosotros lleva en lo más íntimo de su ser un anhelo de plenitud y felicidad que Dios mismo ha impreso al crearnos a su imagen y semejanza. A menudo pretendemos llenarlo solamente con logros limitados, satisfacciones superficiales… Pero, tarde o temprano, el anhelo resurge con más fuerza, con el arrebato de la insatisfacción.

La Palabra del Señor, en este tiempo de gracia, nos interpela: “¡Velad!”  Es un feliz aviso para avivarnos en la virtud de la esperanza teologal, ese gran don que se nos comunicó con el Bautismo y que nos hace capaces de aspirar al Reino de los cielos y a la vida eterna. Es la plenitud de toda la felicidad que ya pregustamos en nuestra vida terrena, a pequeños sorbos, intercalados entre momentos de desaliento y lucha. Podemos, pues confiar en las promesas de Cristo y en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo, que sostienen nuestras fuerzas, tantas veces frágiles o quebrantadas.

Como nos recuerda el Catecismo: La Esperanza que el Seños nos da asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; nos protege del desaliento; nos sostiene en todo desfallecimiento; y nos dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº1817s)    

¡Feliz domingo Y FELIZ ADVIENTO! Juan Agost, Párroco

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